sábado, 19 de mayo de 2018


Ruta circular del Río Tús  
Por los cerros de la Península – 10: Parque Natural de los Calares del Mundo y de la Sima (Albacete y Jaén). ¿Cómo transitar por ambos en una jornada y consumar placenteramente la caminata? 

Enlace con Wikiloc

Día 12 de mayo, 2.018. Ruta circular de 17,5 kilómetros desde Collado Tornero (Yeste): Puente de Collado Tornero (790 m) – sendero del Arroyo de las Marinas – Torcas del Camino – Puntal de la Escaleruela (1.339 m) – Vereda de Siles – Pozo Romero – Base de la Peña Marranera (1.460 m) – Puntal y Cuesta del Caballo – Aserradero del Río Tús (Siles, Jaén) – Vado del Aserradero (954 m) – Umbría del Cuquillo – Collado del Cortijo de la Cañada del Avellano (1.304 m) – Senda de los Voladores – Vaguada de Pradomira – Tinada de Eulogio – Collado Tornero. Hoja 866-III, Tús – MTN 1:25.000 del Instituto Geográfico Nacional.

He vivido la mitad exacta de la vida en Albacete, una provincia más conocida por sus llanos pre-manchegos –y por las Llanos– que por sus sierras pre-béticas. Pero, haciéndole justicia, la riqueza paisajística de esta tierra es muy poco común. Los camaradas caminantes sabéis cómo me emociona recorrer esos rincones anacrónicos escondidos en nuestras sierras; y sabéis que la emoción se reduplica cada vez que traspasamos los límites de la provincia y entramos en el Sur. En el Parque Natural de los Calares ambas cosas suelen coincidir en el día. Entonces, perdonadme la sensiblería, los aires castellano-manchegos se me encuentran con las esencias andaluzas.

A petición de mi amigo Manuel, reeditamos una ruta que hemos hecho varias veces hacia el final de la temporada estival por necesidad ya que, habitualmente, regresamos desde el punto más distante caminando por el curso del Tús con poco caudal, zambulléndonos en las pozas y los remansos para rebajar el acaloramiento, hasta la aldea de Collado Tornero. Esta versión es mucho menos acuática pero es bastante más variada o “dramatic”, se diría en inglés, puesto que progresa por arroyos, una vía pecuaria muy aérea con buitreras y canchales, collados, cuestas y puntales pedregosos, torcas, torrentes, umbría boscosa, vados y vadillos, verdes vallejos y el Río Tús.

En la entrada de hoy no voy a hacer una descripción de la ruta, pero sí apuntaré algunas impresiones y una leve frustración.

La primera impresión, la llegada al alto del Puntal de la Escaleruela y el arranque de la Vereda de Siles, desde donde se deja atrás el Hueco de Tús y se divisa el apabullante barranco del río, con el Estrecho del Diablo a nuestros pies; mientras, frente a nosotros, los buitres leonados describen sus espirales ascendentes de reconocimiento.

Luego, los tramos de vereda de Pozo Romero, ya en el término de Siles, y los muros del cortijo abandonado donde almorzamos –aunque podríamos habernos acercado a la plaza de toros– nos reservan unos instantes de sosiego antes de acometer el descenso de la Cuesta del Caballo hasta la apacible pradera del Aserradero.

El enlace del camino del aserradero, por el vado, con la trocha de la cuesta de la Umbría del Cuquillo resulta más sencillo de lo previsto. Lo menciono porque hay que conocer o intuir la trocha; no la busquéis en los mapas topográficos, no aparece. La empinada rampa hasta el alto del puntal Norte de la Sierra del Cuquillo nos saca rápido del barranco del Tús.

A pocas decenas de metros de canchal, bajo el alto, queda el cortijo de la Cañada del Avellano. El bucólico paraje, ya abandonado por el hombre, da cobijo a mamíferos grandes como la cabra montesa, el ciervo y el jabalí. Cañada adentro, abunda la encina y la jara. Al fondo, se alzan la formidable sima del Calar de la Sima y el Cerro del Mentiras.

En ese adornado y tranquilo anfiteatro sorprendemos a una piara de jabalíes, que se repliega en cuanto oye el primer chasquido de una rama. Pese a tener el viento de cara, José Luis pierde una ocasión fotográfica excelente. Por los menos, con las caballerías del Aserradero y con las cabras montesas ha habido mejor suerte.

Retrato en el Aserradero de Tús.
Foto de Felipe Salas

El paso por el Arroyo de Pradomira, siempre es refrescante aunque no entremos a buscar el manantial. Entre Fernando y yo, una sonrisa basta para recordar a Francisco el pastor del Pradomira y sus historias, tan cuerdistas y florezinas como las de los propios José Luis Cuerda y Wenceslao Fernández Florez.

La frustración, al final, nada tiene que ver con los soberbios barrancos y cerros de los que volvemos sino con un antojo gastronómico. Acabando la marcha se nos viene a la mente el potaje tobiqueño –de La Tobica– y no podemos darnos el capricho porque el bar no está abierto hoy. Otro día volveremos a buscar esa variante del potaje bochero.

Vista de Collado Tornero, Palancares y la Molata del Imperio desde el Arroyo de las Marinas.
Foto de Manuel Rodríguez Avendaño

Cuesta del Caballo, hacia el Aserradero.
Foto de Manuel Rodríguez Avendaño

El Aserradero de Tús.
Foto de Manuel Rodríguez Avendaño

Sierra del Cuquillo, descenso a la Cañada del Avellano.
Foto de Manuel Rodríguez Avendaño

El Hueco de Tús, desde el Puntal de Collado Tornero.
Foto de José Luis González

  
Saludos, camaradas:
Ceci, Felipe, José Antonio, Fernando, Manuel y José Luis.


viernes, 16 de marzo de 2018

Un país enfermo 

A propósito de Utilizar a las víctimas, el lamentable artículo de opinión de El País de hoy, día 16 de marzo de 2.018, acaso la respuesta que podría estar más a la altura sea… ¡Un poquito de por favor! (*) 


Pleno del Congreso de los Diputados. Juan Carlos Hidalgo (EFE)

El autor, que comenta el pleno del Congreso de los Diputados del día 15 de marzo sobre el endurecimiento de la prisión permanente revisable, habla de “utilizar a las víctimas”, de “sed de venganza”… ¡Por favor, insisto! Este país está enfermo: el extremismo político-periodístico se ha cronificado y la nación entera zozobra, sin rumbo ni cartas ni instrumentos de navegación ni patrón que valga.

¿Por qué la “nueva” izquierda antepone la rehabilitación del criminal a la ejemplaridad de las penas y a la seguridad de la sociedad? ¿Por qué se cree en el deber de amparar a los peores individuos? La gente de bien de cualquier ideología está hastiada de tantas garantías para los condenados –asesinos, delincuentes, maltratadores, terroristas, traficantes, violadores, etc.– y tan poca protección no sólo para las víctimas y las víctimas potenciales, que somos tod@s, sino también para los cuerpos de policía.

España no puede seguir siendo el paraíso de criminales como el Chicle, del que hace pocos días trascendió su convencimiento de que en siete años estaría fuera de la cárcel así como el afán de hacer fortuna con su historia. Jamás entenderé por qué un recluso ha de obtener ningún tipo de beneficio antes de cumplir la condena, sin el arrepentimiento ni la expiación completa. Sabemos que no pocos criminales reinciden en los días de permiso.

Los expertos de despacho pueden decir misa si quieren, pero es la gente la que muere asesinada por sujetos con múltiples antecedentes penales; son las mujeres las que vuelven a ser maltratadas y violadas, con previo aviso muchas veces; somos el 80% de los ciudadanos los que demandamos más contundencia con el narcotráfico, el terrorismo, la trata de personas, etc.; y, por supuesto, somos la gente honrada la que pedimos más dignidad y más respaldo para las fuerzas de seguridad del Estado.

Lamentándolo solo hasta cierto punto, tengo que decir que no puedo reconocerme en esa izquierda tan confundida, oportunista –no sé de qué ni para qué– y populista, por parte de Podemos, y ahora también pro-populista, por parte del PSOE del señor Sánchez. ¿Qué derechos y a qué sectores de la sociedad pretenden defender exactamente? Espero la respuesta, aunque sé bien que no me satisfará.


(*) Salida notoria y recurrente de uno de los personajes de la serie de televisión Aquí no hay quien viva (2003-2006) de Antena 3, que recreó satíricamente la decreciente frescura intelectual del país a través de los avatares de una comunidad de vecinos madrileña.


lunes, 5 de febrero de 2018


Ayna: por los cañones y los cerros del Mundo  

Por los cerros de la Península – 9: ruta iniciática (¡no de iniciación!) por los recónditos cañones, cornisas, cortijos y terrazas del río Mundo. Ayna, Albacete 


Mapa de la zona del I.G.N. (Iberpix 4). Enlaza con Wikiloc

Día 3 de febrero, 2.018. Ruta circular de algo menos de 14 kilómetros en Royo Odrea: Los Cárcabos (663 m) – Barranco de Los Ortegas – Peña de La Albarda (1.254 m) – cornisas de la Peña del Caballo – bancales abandonados de La Tejera – Cueva del Niño (Barranco de El Infierno) – vado del río Mundo en la vega del Avellano (690 m) – Cortijo del Avellano – Cortijo de los Luisos – Los Cárcabos. Hoja 842-III, Ayna – MTN 1:25.000 del Instituto Geográfico Nacional.

El temporal de frío y nieve avanza desde el Norte de la Península y… ¿Vamos a quedarnos en casa esperándolo? Claro que no, hasta el día siguiente no se prevén nuevas nevadas. Iniciamos la marcha a las 09:30 con un grado bajo cero de temperatura, aunque la sensación térmica es de seis bajo cero. Los primeros repechos de la senda que parte del barrio de Los Ortegas nos calientan pero, al asomar a los collados y en la umbría de La Albarda y de las cornisas por donde progresa la ruta, el aire de febrero trae el helor de todas las cimas de la sierra, que han amanecido nevadas.

La cima de La Albarda, con poca nieve, y su soleada ladera Sur vuelven a hacernos entrar en calor. Desde aquí, nos adentramos en las umbrosas cornisas superiores de la margen derecha del Mundo. No llegan a ser cintos, o fajas, por su continua pendiente y tenemos que hacer algún destrepe antes de enlazar con la vieja pista que baja de las Casas del Pozuelo a las terrazas de La Tejera y El Infierno. Tanto los bancales como la pista y los tramos de senda fueron abandonados hace mucho, por lo que es fácil perder el camino. Conviene saber muy bien a dónde se va.

Desde que cesaron las labores agrícolas y silvícolas entre los años cincuenta y setenta del siglo XX, la vegetación y los zarzales en las riberas de los arroyos y del propio río han ocupado el monte cerrando y ocultando pasos y tramos de camino. Las grandes rocas musgosas de los desprendimientos se diseminan por el bosque, poco antes de alcanzar las terrazas de labor incultas ya. Los robustos canteros de los bancales y de los senderos que comunicaban estos cortijos entre sí y con el exterior de las hoces testimonian el arduo esfuerzo por sustentarse en semejante medio.

Desde tiempo inmemorial, el ser humano fue ganándole terreno al monte palmo a palmo, precariamente. Pero esos muros de piedra que aún resisten, decenios después de su abandono, y las ruinas de los cortijos por donde hemos de pasar indican prosperidad y hasta cierto bienestar, teniendo en cuenta el aislamiento de estas hoces cuya principal virtud es la abundancia de agua y de fauna cinegética. José Luis me dice, por ejemplo, que en El Infierno se han encontrado indicios milenarios que sugieren que se acorralaba a la caza en los riscos del barranco.

La Cueva del Niño ofrece asimismo sus testimonios prehistóricos de la presencia humana, incluyendo pinturas rupestres que representan cabras, ciervos y serpientes. También pueden verse otros testimonios vergonzosos de visitas humanas mucho más recientes. La cueva tiene una antesala orientada al Sureste y una sala abovedada espaciosa en la que los humanos modernos se han dedicado a desmochar las estalagtitas y las estalagmitas. En la actualidad está cerrada con una doble verja y hay que pedir cita para visitarla.

Comemos en la entrada de la cueva, bajo un último rayo de sol directo. Mientras, contemplamos la escalinata del Cortijo del Avellano, a unos cuatrocientos metros al Noreste y unos cien metros más abajo. La ladera, impracticable en apariencia, será nuestra salida de la hoz del Avellano, cuando hayamos vadeado el Mundo como Dios nos dé a entender. Previendo que no hay puente, los cinco llevamos bañadores o ropa interior presentable. También traemos los bastones para abrirnos paso entre los juncos y los zarzales de ambas márgenes del río Mundo.

La senda que desciende a la chopera del Avellano sale de la que se dirige a la Fuente del Halcón, fuera del cañón. Una vez en la vega, pronto encontramos un buen vado, con poca maleza a ambos lados, aguas someras y fácil entrada y salida del cauce. Afortunadamente, en quince minutos resolvemos la peripecia que temíamos que pudiera habernos llevado tres cuartos de hora. El remojón, hasta las rodillas, reactiva nuestra circulación sanguínea y nos corta la respiración momentáneamente. Uno de mis amigos se infunde coraje berreando aunque no es tiempo.

Son las 16:30 y solo nos queda ascender por el puntal del Avellano hasta el collado por el que volveremos a descender al río para atravesar el Cortijo de los Luisos y tomar la senda que, haciendo zigzag, vuelve a sacarnos de la ribera del río y que nos llevará hasta Los Cárcabos. El rompepiernas de esta segunda parte de la ruta incomoda a los menos acostumbrados a transitar por el monte. Sin embargo, merece mucho la pena no sólo por los sobrecogedores cañones que nos rodean sino por los vestigios antropológicos de un modo de vida que, no hace tanto, se extinguió para siempre.

En los Cárcabos, montamos en el coche para ir a Kamaría, el hogar del pensionista del barrio de Las Hoyas. En este recogido bar, beatlemaníaco y un tanto hippy, nos unimos a la parroquia habitual para refrescarnos con las cervezas más frías que hemos tomado en nuestra vida y calentarnos al lado de la estufa. Por fin logramos los dos objetivos que, por momentos, resultan incompatibles. El punto y final perfecto para una ruta deliciosa y un tanto exigente. La dificultad técnica es moderada pero requiere buen ánimo, buena orientación y experiencia.

Royo Odrea (Ayna) desde La Albarda. Foto de José Luis González

Punto geodésico de La Albarda y cimas nevadas de la Sierra de Alcaraz al fondo.
Foto de José Luis González 

Cornisas de la Peña del Caballo. Foto de José Luis González

Boca de la Cueva del Niño. Foto de José Luis González

Río Mundo. Vado del Avellano. Foto de José Luis González

Cortijo del Avellano. Foto de José Luis González

Senda de salida del Cortijo de los Luisos hacia Los Cárcabos. Foto de José Luis González


Saludos, camaradas:
María José, José Antonio, José Luis y Fernando.


miércoles, 6 de diciembre de 2017

Los Dolomitas. Cinco rutas alpinas estivales. 

Por los cerros y las vías ferratas de la Península de Italia. 


Gruppo del Sella y Piz Boè (3.152 m), al fondo, vistos desde La Marmolada

Hoy no voy a salir por los cerros de la Península Ibérica sino por los de la Península Itálica. Volver a visitar este país ha supuesto un placer doble. Los abundantes vínculos culturales e históricos y el bilingüismo pasivo, que permite a los españoles y a los italianos entenderse razonablemente bien sobre todo si se tiene algún conocimiento de lenguas románicas y buen oído, contribuyen a que uno se sienta casi como en casa. No obstante ese “casi” estimula la curiosidad por conocer y saborear las diferencias, desde las artísticas hasta las gastronómicas y, esta vez, también las de la alta montaña.

En lo lingüístico, solo la toponimia de los Alpes orientales italianos ya ofrece una interesante triplicidad –a veces confusión– de nombres en alemán, en italiano y en retorrománico, la lengua local que evolucionó por el cruce del latín vulgar con los dialectos celtas prerrománicos. Aunque más cerca, en los Pirineos, uno puede encontrarse con una triplicidad toponímica similar entre el castellano, el francés y el aragonés o el catalán. Basta comparar, por ejemplo, el topónimo de “Graa de Stounies”, en el Monte Cristallo de los Dolomitas de Ampezzo, con el de “Grau de las Escaleretas” del Monte Perdido, en el P.N. de Ordesa.

Los macizos de los Dolomitas o Monti Pallidi, con sus agujas, grietas y torres características, se elevan entre prados, valles boscosos, ríos y lagos. Aunque la mayoría de los glaciares de la Edad de Hielo han desaparecido y los que quedan están en retirada, el agua abunda en sus tres estados; además los montañeros deben tener bien presentes las habituales tormentas post meridiem, especialmente si van a progresar por glaciar o por vía ferrata. La región ocupa casi 235.000 ha., repartidas entre las provincias de Belluno, Bolzano, Trento, Udine y Pordenone. Su declaración como Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO llegó en el año 2.009.

Posiblemente, la memoria y los restos históricos de la Gran Guerra propiciaron dicha declaración, junto con los criterios antropológicos, naturales, paisajísticos y etnológicos. No por casualidad, en la jornada del circuito de las Tres Cimas de Lavaredo y Monte Paterno, nos encontramos y pudimos intercambiar impresiones con austríacos e italianos emocionados por el hecho de transitar por las cumbres, los expuestos pasos, los nidos de ametralladora, los túneles y las grietas donde hace un siglo se habían enfrentado a sangre y fuego los Kaiserjëgers y Standschützen tiroleses con los Alpini y la artillería italiana.

A propósito de la artillería y de la dinamita empleada para abrir pasos y galerías subterráneas de suministro, es de suponer que los ghiaioni (los canchales naturales) de la base de muchas de estas atalayas y fortalezas dolomíticas recreciesen con la escoria de las explosiones. No hace falta haber tenido antepasados en aquel frente para sobrecogerse al imaginar los rigores de la alta montaña invernal sumados a las penalidades de una guerra como aquella, en la que la novedosa ametralladora y la puntería de unos pocos cazadores imperiales podían barrer de una pedriza a batallones completos de asaltantes.

Tras una historia tan ardua –pese a no habernos librado aún de los nacionalismos, siempre ominosos– Europa ha logrado ser muy distinta hoy en día. Estas cumbres constituyen una buena muestra, como escenarios perfectos para el disfrute deportivo de la naturaleza compartidos por casi tantas nacionalidades como países hay en el continente. El único contrapunto se produce cuando coincidimos los montañeros más esforzados y sudorosos con los inmaculados que, después de utilizar todos los remontes disponibles prácticamente hasta la cima, toman el sol en la terraza de los refugios. Pero el contraste resulta agradable.

La red de caminos, las vías ferratas, los funiculares y los refugios facilitan mucho las aproximaciones, el descanso y la restauración del cuerpo. Gracias a esas funivie que ascienden hasta los 2.500 y los 3.000 metros, es posible  darse el gustazo de hacer cumbre o de iniciar el descenso y, al poco, entrar a un refugio, beber una cerveza bien fría con un exquisito plato de pasta fresca, con un sabroso guiso o con un codillo en su punto y, para culminar, probar la deliciosa repostería local con café. Casi puedo saborear todavía algunos de esos almuerzos, servidos con una profesionalidad hostelera de la que deberían aprender unos cuantos refugios españoles.

Lo que puedo asegurar es que la cerveza y la buena comida saben mejor cuando se han alcanzado con esfuerzo. Así que andando.


Día 22 de agosto, 2.017. Monte Cristallo, Dolimiti Ampezzane. Inicio desde el Ristorante Rio Gere, a 2 kms del Passo Tre Croci-Són Zuógo: primer telesilla (seggiovia) – Graa de Stounies, a pie desde el Rifugio Són Fórcia (2.216 m) – Rifugio S. Lorenzi, Forc. Stounies (2.932 m) – Cresta Bianca (3.008 m) y Ric. Buffa di Perrero por la via ferrata Ivano Dibona (nivel K1,6) – Monte de Padeon – Lago Son Forca – Passo Tre Croci-Són Zuógo (1.791 m). Unos 12 kilómetros. Mapa Tabacco: Cortina d’Ampezzo 03.

La ferrata apenas tiene tres kilómetros, pero los dos kilómetros de ascensión por el canchal de la Graa de Stounies consumen mucho tiempo. El telesilla entre Són Fórcia y Forc. Stounies cierra en verano, lo que descubrimos en la misma mañana. Las vistas son soberbias. El descenso al Monte de Padeón nos entretiene y nos hace resbalar acrobáticamente. El terreno ni siquiera es de canchal sino de roca y grava. Por suerte, en varios tramos hay cable de acero. Finalmente, encontramos el telesilla de Rio Gere cerrado, desde las 17:30 como en pleno invierno, por lo que la ruta prosigue hasta el Passo Tre Croci.  

Ascensión al Rif. S. Lorenzi por la Graa de Stounies

Rif. S. Lorenzi. Punto de inicio de la vía ferrata

Pasarela de acceso a Cresta Bianca. Al fondo, las Tres Cimas de Lavaredo (Sesto)

Cresta Bianca

Prados de Padeón y Cortina d'Ampezzo, al fondo, desde Cresta Bianca

Cresta Bianca

Vertiente Norte de Cresta Bianca. Al fondo, Croda Rossa Pizora

Descenso al Monte de Padeón

Día 24 de agosto, 2.017. Monte Paterno / Paternkofel y circuito de Tre Cime di Lavaredo, Dolimiti di Sesto. Inicio desde el Lago di Misurina (1.760 m): pista forestal (9 kms en coche) – Rifugio Auronzo (2.333 m) – Rifugio Lavaredo (2.344 m) – Forc. Passaporto – Sentiero attrezzato Luka Innerkofler (nivel K2,2) y posiciones austríacas de la 1ª Guerra Mundial – Rifugio A. Locatelli / Dreizinnen hütte (2.405 m) – Pian da Fin – Cap. dei Pastori – Forc. del Col de Mèdo – Piani de Longères – Rifugio Auronzo. Unos 10 kilómetros. Mapa Tabacco: Sextener Dolomiten 010.

Ruta sobrecogedora por su historia y por circundar completamente las Tres Cimas de Lavaredo, símbolo de los Dolomitas. En un día tan espléndido, el sendero equipado Luka Innerkofler está sobre-transitado por senderistas con más y con menos –o ninguna– experiencia. El aparcamiento del Rifugio Auronzo tiene un número limitado de plazas, conviene madrugar.

Rifugio Auronzo, en la base de las Tres Cimas, al Sur. Al fondo a la izquierda, el Monte Cristallo

Las Tres Cimas de Lavaredo, desde el Monte Paterno

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Monte Paterno. Inicio del "sendero equipado" Luka Innerkofler

Llegada al Rif. Alle Tre Cime

Sendero "Dolomiten Hohenweg". Pian da Fin

Lago di Misurina y Monte Cristallino, vistos desde el Col de Mèdo

Las Tres Cimas, desde el Lago di Misurina

Día 25 de agosto, 2.017. Pale di S. Martino, Dolimiti Fassane. Inicio desde el Passo di S. Pellegrino (1.887 m): telesilla (seggiovia) “Snow Thrill” hasta las laderas de Campagnacia (2.276 m), donde comienza la ruta – Rifugio Passo delle Selle (2.528 m) – C. de Campagnacia (2.737 m) y posiciones austríacas  de la 1ª Guerra Mundial, por el  sentiero attrezzato Bepi Zac (nivel K1,7) – Cuerda de Costabella y posiciones italianas (1ª G. M.) – Pta. del Ciadin (2.822 m) – Forc. di Laghet – L’Om Picol – Telesilla “Snow Thrill”. Unos 11 kilómetros. Mapa Tabacco: Dolomiti Fassane – 06.

La ruta y el sendero equipado son muy asequibles. Las posiciones, las galerías y los dormitorios impresionan. En el Ciastel de Costabela pueden verse dos grandes rocas huecas, a modo de búnqueres. En una de ellas hay un pequeñísimo museo dedicado a las consecuencias de la contienda en aquél frente. Algunas fotos espeluznan.

Campagnacia

Rif. Passo delle Selle. A lo largo del puntal todavía se distingue la línea de trincheras

Posición austríaca sobre las laderas de Campagnacia

Sendero equipado Bepi Zac 

Cima de Campagnacia (posiciones austríacas)

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Costabella y Ciastel de Costabela, al fondo (posiciones italianas)

Día 26 de agosto, 2.017. Gruppo del Sella, Dolimiti Fassane. Inicio desde Corvara in Badia (.1540 m): telecabina (cabinovia) a Utia Lago Bee–Crëp de Munt (2.152 m) – Telesilla (seggiovia) a Le Valun (2.505 m) – Via Ferrata Vallon (nivel K2,4) – Passo dl Valun (2.845 m) – Passo Lech dl Boe (3.009 m) – Piz Boe (3.152 m) – Forc. dai Ciamorces – de Le Ponte (2.779 m) a Les Fontanes (2.568) por el canuto de Gran Valacia – Rifugio Franz Kostner Al Vallon / Franz Kostner Hütte (2.536 m) – remontes de regreso a Corvara. Unos 8 kilómetros. Mapa Tabacco: Dolomiti Fassane 06.

La Via Ferrata Vallon permite salvar el hueco de la cascada de Le Valun rápidamente para empezar a crestear por las estribaciones meridionales del macizo llamado Gruppo del Sella. Estas cumbres abarcan kilómetros de agujas y conos de deyección sucesivos.

Rif. Franz Kostner Al Vallon, al amanecer

Aproximación a la vía ferrata Vallon

Vía ferrata Vallon

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A punto de hacer cumbre

Rifugio Capanna Fassa - Piz Boè

Vista al Passo Pordoi, desde el Piz Boè, y Ossario del Pordoi, monumento a los caídos de la 1ª Guerra Mundial

Vista desde la faja de Le Ponte

Rif. Franz Kostner Al Vallon

El aroma y el aspecto de los platos que salen de la cocina nos invitan a quedarnos...

No nos arrepentimos. La pasta y los Wiener Schnitzel están excelentes

Telesilla de regreso a Crëp de Munt

Día 27 de agosto, 2.017. La Marmolada, Dolimiti Fassane. Inicio desde el Lago di Fedàia: Rifugio Dolomia (2.074 m) – Remonte-jaula individual (funivia) al Rifugio Pian del Fiacconi (2.626 m), desde donde comienza la aproximación hasta Sforcella de la Marmolada (2.896 m) – Via Ferrata Forcella (nivel K2,3) – Punta Penia, cima de La Marmolada (3.342 m) – descenso al glaciar por Schena de Mul – descenso del Ghiacciaio della Marmolada por Pian dei Fiacchi – Rifugio Dolomia. Menos de 7 kilómetros bastante técnicos. Mapas Tabacco: Dolomiti Fassane / Pelmo Civetta – 06 / 015.

El broche, la guinda, el premio final: el Glaciar de La Marmolada tras coronar Punta Penia, techo de los Dolomitas. La Via Ferrata Forcella es bastante aérea y vertical, requiere control total del vértigo y buen fondo físico. El refugio de Punta Penia, sin acceso por funicular, resulta inestimable para reponerse antes de iniciar el descenso. Los tramos de hielo con grava, el rápel de transición al glaciar y el descenso por el glaciar requieren concentración y presteza a partes iguales. La técnica ayuda, por supuesto, pero también vemos a guías de alta montaña descolgar con la cuerda, a pulso, a los clientes que no saben rapelar.

Hacia la Sforcella de la Marmolada

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Via Ferrata Forcella

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Punta Penia - Cumbre de la Marmolada

El glaciar y los refugios de Punta Rocca, a la derecha, y de Piz Serauta, más abajo

Glaciar de la Marmolada

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Funivia individual de regreso a Cima Undici y Lago di Fedaia

La Marmolada, desde el embalse del Lago di Fedaia



Entrada dedicada a mis camaradas:
Álvaro (camarada-hijo), Cecilia, Felipe, Javier,
José Antonio y José Luis, el artífice.