domingo, 8 de mayo de 2016

POR LOS CERROS DE LA PENÍNSULA – 6 

Sierra de los Donceles. Comarca de Hellín. Albacete 


Colaboración para la revista Zambra DigitalI.E.S. Justo Millán. Hellín 

Cuerda de la Sierra de los Donceles

Sin ser un experto, creo que sería difícil hallar un topónimo más polisémico que el de Sierra de los Donceles. Para los forestales no hay duda, es la sierra de los pinos donceles o piñoneros. Para los agricultores de estos fértiles campos bien podría ser la sierra de los dulces frutos. Y para los eruditos el catalanismo podría hacer referencia a quién sabe qué caballeretes del siglo XIII. Aunque también podría haberse llamado la sierra de Aníbal, igual que el camino que la cruza, abierto por el general en su ruta hacia el interior de la Península siguiendo el curso del Río Segura. Pero no.

Nuestra Sierra de los Donceles se extiende desde Las Higuericas, paraje próximo al Puente de Azaraque, en Agramón (al Este), hasta Sierra Seca y Tavizna, en Mingogil (al Oeste); obligando al Mundo a recorrer unos kilómetros más antes de juntarse con el Segura. Desde su cuerda, sin necesidad de alcanzar el Pico Donceles (808 metros), se domina una extensión de tierras de colorido y usos muy diversos: arrozales, choperas, esparto, frutales, olivar, pinar, vid, saladares, yesares, etc. Y, en todas las direcciones, emergen lomas y serrezuelas acotando las polvorientas ramblas y las verdes vegas.

Pinos supervivientes del incendio de julio de 2012.
Al fondo, a la izquierda, los Cerrones de Terche

Restos del incendio entre el monte bajo.
Al fondo, Agramón y la Sierra de Cabeza Llana

Descenso hacia el Azaraque

Ya que no es posible contemplar los arrozales del Segura y el Embalse del Cenajo desde aquí, las vistas más llamativas las proporcionan, al Norte, los Cerrones de Terche, la Sierra de Cabeza Plana, el Calvario de Agramón, el Río Mundo a su paso por la Finca del Azaraque (o del manantial), el Pitón Volcánico de Cancarix, en la Sierra de las Cabras; y, al Este, el Embalse de Camarillas y el promontorio de caolín de La Camareta, en el Tesorico. Por cierto, las estancias del Eremitorio de La Camareta, con su emplazamiento y con sus inscripciones íberas y paleocristianas, dejan boquiabierto al más pintado.

Después de tantos años ya conduciendo por estas tierras camino de Andalucía, tengo que confesar que no me canso de atravesarlas y que, desde que empecé a conocerlas más de cerca, a pie, ejercen en mí una atracción difícil de explicar. De hecho, este contraste violento entre los montes explotados hasta el agotamiento fitológico y los montes boscosos, estos ondulantes campos de cultivo que producen oro vegetal con un poco de agua, la herencia arqueológica y la intrahistoria de estas tierras, la vista de las primeras estribaciones de la Sierra del Segura… Todo esto produce cada día un efecto terapéutico en mí, en parte porque –que quede entre nosotros– nunca me acostumbraré a vivir en una llanura.

A los que tenéis la suerte de vivir en esta comarca, de ver los dientes de la Sierra de los Donceles desde casa o de poder salir en bici a rodar por estos caminos, os felicito y os animo a disfrutar. La naturaleza está ahí para eso, cuidándola y estando dispuestos a defenderla de la contaminación, de la especulación, del fuego, del fracking, de la sobre-explotación y de lo que haga falta. Nuestros campos, montes y ríos no son sólo algo nuestro, como difundía el Instituto para la Conservación de la Naturaleza hace años. Son nuestra casa. Son nuestra propia vida. Que nadie juegue con ella ni por todo el oro del mundo.

Embalse de Camarillas y La Camareta vistos desde Los Donceles

Rebaño abrevando en el Camarillas. Foto de Paco Botella


Entrada dedicada a mi amigo Joaquín Martí, in memoriam,
gran amante del deporte en la naturaleza y mejor persona.


miércoles, 20 de abril de 2016

EL ESCRIBIENTE DE CARTAS 

En el verano de 2002, a la vuelta de unos días de acampada con varios alumnos, no pude parar hasta dejar escrito el cuento Nadie vive en Pradomira, la narración de otro encuentro inefable. Este que sigue, escrito dos años después, es su secuela directa; de ahí la enigmática primera oración. Tarde o temprano os invitaré a leer aquel también. Ambos pertenecen a la colección inédita La teoría del polvo


Ciertamente, nadie vive en Pradomira. Ahora lo sé. Pero ignoro, o más bien quiero hacerlo, cómo pudo extenderse por la serranía el rumor de que había un excursionista atravesando los calares provisto de lápiz y papel y que había arreglado un encuentro amoroso entre dos serranos distanciados por los mismos barrancos y lomas que los vinculan. Nadie llegó a conocerlo, como es natural. Pero los que llevaban esa clase de existencia apartada mantuvieron durante algún tiempo la esperanza del encuentro con el mensajero de la providencia, que en esta región del país era todavía objeto de fe.

Una mañana de mayo en que Arguellite me había recibido embozada en un capote neblinoso agujereado todavía por sus luces blanquecinas, coincidí en la tienda-taberna de la aldea con un cortijero que le hablaba a la botella de orujo que tenía delante, en uno de los dos mostradores enfrentados. La mirada inevitable que le dirigí encontró la suya, de reojo sin despegar los codos del otro mostrador. Esperaba a que me despacharan pan, salchichón y tomates. El tendero había ido a buscarme los tomates.

¿Qué? ¿A caminar por el monte? Se giró del todo.

Pues  sí.

Yo he bajado del cortijo a ver a uno. Pero se ve que no se ha levantado todavía. Si viviera donde yo, sin luz ni agua corriente, se acostaría y se levantaría con el sol. Aquí me tiene el señorito, esperándolo hasta que él quiera.

Normal, teniendo en cuenta que hoy es domingo.

Se amontonaría anoche y, claro, tampoco tendrá mucho que hacer hoy. ¿Para dónde va usted? ¿Para la Peña Palomera quizá?

Creo que...

Esta madrugada no, pero últimamente han caído unos buenos escarchazos ahí arriba. Mi cortijo está un poco más abajo y el agua de la alberca casi se helaba como en pleno invierno. Si yo quisiera, podría vivir en Yeste o en Hellín. En los dos sitios tengo casa, bien acondicionadas las dos con su calefacción y todo lo demás. Lo que pasa es que yo no sabría vivir así. Mis dos hijas sí están en la casa de Hellín. Son estudiantes, ¿sabe?

Puede que las conozca.

¿Viene usted mucho por aquí? Cuando suba verá qué casa se ha hecho un forastero en las Quimeras. Hay que tener valor para hacerse una casa como esa, tan a la vista. No digo yo que no se haga uno una piscina si puede permitírselo. Pero mira que pintar la casa de rosa. Si se le llega a ir la mano, parecería que tenemos club en el Arguellite. Él sabrá. A lo mejor... No, no lo creo, ¿no?

Sí, conozco la casa, pero no creo.

Hay que tener ganas... Una cosa es construir con los materiales de ahora y otra distinta es hacer eso, hombre. Una casa aquí en la sierra no puede ser rosa ni parecer un puti-club. Aquí somos de otra forma y eso hay que respetarlo. Y el que quiera una mujer  de esas, que trasponga a la capitaleja o a Madrid, que no sería el primero. Menudo berrinche me se llevaría la madre si le levantaran al lado otro cortijo pintado de rosa o de rojo. Aunque a algunos cortijos nuevos no les vendría mal una mano, siquiera de rosa, para tapar todo lo que les echan de cemento y uralita.

Totalmente de acuerdo en lo del cemento y la uralita.

¡Ah! ¿Conoce usted al Curita? Ese sí que sabe vivir. Se fue de la aldea con nueve años. Estuvo en el seminario hasta los veinticuatro, pero a la hora de la verdad se escapó de ordenarse. No sé en qué andaría después que al cumplir los treinta ya lo teníamos aquí construyéndose la mejor casa y sin dar ni golpe desde que volvió. Se pasa el día por las sendas y los carriles con un libro y sólo se para a hablar con don Pascual cuando viene de Yeste. A los demás nos apaña con los buenos días y un saludo con la mano que parece que te está tirando una bendición al suelo.

He conocido a alguno de esos medio curas.

Pues por eso será: para que no lo distraigamos de la lectura. Apuró la copita con un movimiento disciplinado, se quedó pensativo unos segundos y retomó la palabra. Dicen que anda por esta sierra uno que escribe cartas de amor y arrejunta a la gente. Dicen que hace cosa de un año arrejuntó al pastor del calar con una enfermera de Hellín. Quién lo iba a decir: Paquillo el de La Moheda con una enfermera. Tuvo que escribirle unas letras bonicas de verdad. ¿No lo conocerá usted también?

A ese sí.

¡No, claro! No se van a conocer todos los excursionistas que suben aquí. Yo tendría que toparme con ese escribiente de cartas. Si fuera capaz de ponerme en contacto con la Petra... Desde que se fue a la parte de Paterna con la familia no he sabido nada de ella. Claro que sería difícil que hubiera seguido soltera, pero a lo mejor nos apañábamos ahora que estoy viudo. La Charo me dio dos buenas hijas, pero a la que yo quería era a la Petra. Si no me se hubiera ido la cabeza con la Charo como me se fue. En fin. Voy a acercarme a lo de éste. Se levanta la niebla. Va a tener un buen día para andar. ¡Con Dios!

Sí, vaya usted con Dios y con San Aureliano y Santa Odila.

Y con San Blas. ¿Ya se va el Sordo-mudo? Buena charla han tenido.

Por su parte bien buena.

¿Quiere algo más?

No.

Entonces a ver: los tomates con el pan, el salchichón y el almuerzo hacen trescientas pesetas.

Eso son dos euros más o menos, ¿no?

¡Ea! Dos euros y estamos en paz.


Foto de Antonio Puertas

jueves, 7 de abril de 2016

POR LOS CERROS DE LA PENÍNSULA – 5

Parque Natural de los Calares del Mundo y de la Sima. Albacete 


Ruta lineal por el Calar del Mundo (31 de octubre de 2015) Mesones, Riópar (Río Mundo, 902 m) – Fuente de la Higuera – Coto de las Fábricas – Cerro de las Cruces (1.599 m) – Fuente del Espino – Poljé del Pozo de la Bomba (1.480 m) – Viboreros – Torca de los Tejos (1.608 m) – Pocico de Arriba – Mirador de los Chorros (1.330 m) – La Caldereta – Morra del Navacico – Collado del Agetar (1.341 m) – Cortijo de la Basilisa (Río Mundo, 950 m) – Haza de la Sabina – El Chaparral – La Casa de la Noguera, Riópar (970 m) • Unos 25 kilómetros lineales.

Torca de los Tejos. Calar del Río Mundo (27 de febrero de 2016). Foto de Felipe Salas

Concluido este otoñal invierno, que ha traído tan solo una nevada fuerte justo antes de acabar a modo demostración simbólica de su rigor, voy a concederme una mirada atrás.

En el último día del antiguo verano celta, nos echamos a andar por el Calar del Mundo con el propósito de conectar en una ruta algunos de sus parajes y tejos más singulares. Lo de “conectar” Mesones con La Casa de la Noguera por el Calar tiene peor explicación habiendo poco más de 6 kilómetros por carretera. Supongo que este es el tipo de objetivo que muchos no terminan de entender aunque, si se imaginasen la hermosura y la profusión de colores del monte, si sospechasen la frescura y los olores que despide en esa época… Desearían que hubiese una carretera hasta el Coto de las Fábricas, ¿no? Otros nos opondríamos, naturalmente.

En realidad, adentrarse para cruzar este extenso y a veces laberíntico karst siempre exige atención y conocimientos de orientación, aún con condiciones meteorológicas óptimas. De manera que acercarse a la Torca de los Tejos tras una nevada, por ejemplo, puede constituir una aventura en toda regla. La profundidad variable de la nieve, la desaparición de los senderos, las dolinas, las simas y la escasez de referencias visuales claras en las zonas más altas demandan equipo, experiencia y prudencia a partes iguales.

Sin menoscabo de otros parajes soberbios ubicados en el Calar del Mundo como Pozo Romero, la Laguna de Bonache –o de Siles–, o el Melojar de Cotillas y subrayando que el número de rutas bonitas y variadas que pueden hacerse a lo largo y ancho de esta alcazaba kárstica es abundante; diré que la ruta de hoy recorre todos los pisos bioclimáticos y tipos de paisaje del calar, desde la ribera hasta el lapiaz y el torcal, y que presenta una amplia alternancia forestal, desde el pino laricio hasta el roble melojo, pasando por la encina, el quejigo, el acebo, el arce, el avellano, el enebro y el tejo, claro está. De la diversidad de plantas arbustivas y de hongos y de los endemismos ni sé suficiente ni voy a escribir, descuidad.

Por otro lado, avistar la escurridiza fauna no es tan fácil pero un grupo pequeño de caminantes silenciosos puede sorprender a la cabra montesa, al ciervo y al jabalí. Al buitre leonado nadie lo sorprenderá, ni siquiera en el muladar de La Caldereta. Será él el que tome la iniciativa.

Puede decirse, en conclusión, que los visitantes que cada fin de semana invaden masivamente el área de las pozas de Los Chorros o los que pasean por la carretera en las inmediaciones de los Baños y del Vado de Tús se quedan a las puertas de los auténticos misterios de estas damas de agua. A mí me parece bien y, por eso, no hago siquiera la intención de publicar el trazado de nuestras rutas sobre el mapa.

Lo que sí espero es que estas tres últimas entradas contribuyan a desmentir las críticas ignorantes sobre la riqueza y la variedad paisajística de Albacete. El Calar del Mundo, el Calar de la Sima, el Hueco de Tús y el Río Tús –que nace entre ambos calares– conforman uno de los espacios naturales más valiosos no sólo de la provincia sino también del Sur de la Península Ibérica. Ningún neófito espera tal cosa la primera vez y, a nosotros, nunca dejará de fascinarnos.

Progresión en nieve polvo, hacia la Torca de los Tejos (27 de febrero de 2016). Foto de Felipe Salas

Grieta del Cerro de Las Cruces. Foto de Roberto Castillo

Poljé del Pozo de la Bomba. Foto de Santiago Laserna

Vista del Calar del Mundo desde Viboreros. Al fondo, el Pico Argel (1.698 m). Foto de Roberto Castillo

Torca de los Tejos. Calar del Río Mundo (31 de octubre de 2015). Foto de Roberto Castillo

Cabras de raza negra serrana. Foto de Santiago Laserna

Hacia el Mirador de Los Chorros. Al fondo, la Peña del Cambrón. Foto de Roberto Castillo

martes, 15 de marzo de 2016

POR LOS CERROS DE LA PENÍNSULA – 4 

Parque Natural de los Calares del Mundo y de la Sima. Albacete 


Ruta circular por el Calar de la Sima (5 de marzo de 2016) Arguellite (Yeste) – Encinas milenarias del Cortijo del Vallejo (1.120 m) – El Castillico (1.455 m) – Pico Verdinales (1.828 m) – Pico del Mentiras (1.897 m) – Torca Honda – Corral de Piedra de Peña Palomera (1.700 m) – Fuente de las Peñas (1.638 m) – Senda de Rincón Cabero – Majada de las Mozas – Cortijo de Rincón Cabero – Cortijo del Vallejo – Arguellite (± 930 m) Unos 15 kilómetros lineales, más de 20 topográficos (no pidáis exactitud numérica a un tío de letras).

Cuerda del Mentiras. Ladera Este. Foto de José Luis González

No es condición exclusiva de la alta montaña ofrecer alicientes deportivos a los montañeros. Los que frecuentamos las sierras de la Cordillera Prebética sabemos cuánto encanto natural atesoran y cuánta exigencia pueden entrañar si se quiere. Aunque, para muchos, la necesidad de saber interpretar un mapa y saber orientarse o la pericia con el GPS suponen un problema; para otros, eso incrementa el disfrute. Y la posibilidad de cubrir un desnivel de casi 1.000 metros en una jornada no está mal, ¿no?

La ruta de hoy comienza relativamente tarde, sobre las diez de la mañana. Hace fresco pero el aire está quieto en la aldea del Arguellite, situada en una solana arrinconada entre arroyos y puntales suaves. Por el arroyo del Vallejo nos aproximamos sin esfuerzo a las encinas milenarias, algunas de las cuales presentan hechuras de acebuche más bien. Nuestros fotógrafos se explayan unos minutos y reanudamos la marcha. El interés por la botánica queda atrás pronto. Hasta el Castillico y el Verdinales, afrontamos un desnivel de 800 metros en poco más de 3 kilómetros lineales. Qué os decía.

La nieve caída el fin de semana anterior se ha mantenido en las laderas de Tala Martínez, añadiendo su plus de interés a la cuesta. Una vez alcanzado el Pico Verdinales (Puntal de las Víboras), el viento del Norte obliga a ponerse los gorros y a protegerse la garganta. Pero la panorámica que se despliega, a pesar de la atmósfera nubosa, recompensa: al Sur divisamos La Sagra, el hito orográfico de la provincia de Granada, la Sierra de las Cabras (provincia de Albacete) y, más cerca, el valle del Segura y la Sierra de Góntar; al Norte y al Oeste, a nuestra espalda, blanquean el Calar del Mundo y la Sierra de Alcaraz. Abajo a nuestra izquierda, hacia el Este, asoman Plañel, Alcantarilla y Ladonar. Creo que no se puede pedir más.

En la cumbre, la vegetación y las rocas escarchadas muestran tal variedad de estampas que, ahora sí, aceptamos de buen grado la marcha remolona de los fotógrafos del grupo. Un buitre leonado solitario se ha acercado para hacernos un chequeo, a ojo. En el punto geodésico aún nos demoramos un poco más, saboreando el momento y saludando a otros amigos montañeros. Nos dicen que los pasos de los arroyos y regajos de la Peña Palomera están practicables; y, sin pensarlo mucho, abandonamos la opción de descender por la Sima. El descenso por las paredes Este no es excesivamente técnico, sólo encontramos un par de ventisqueros con nieve pisada blanda.

La ligera senda que conduce directamente al Cortijo del Rincón nos ha agradado mucho; siempre habíamos descendido por el Realenco hasta las Aceas. Pero a las tres y media de la tarde uno ya debe tener hecho todo el deporte del día y disponerse a comer. En el collado de la Majada de las Mozas, al abrigo del viento y bajo tres rayos de sol a la fuga, damos el capricho de almorzar a nuestro amigo Roberto. Los demás, de paso, hacemos lo propio. En lo que queda de camino, empezamos a entrar en calor y a felicitarnos cada vez que miramos atrás, hacia la Peña Palomera. Las nubes se han cerrado y empiezan a descolgarse hacia el valle.

Arroyo del Vallejo. Foto de José Luis González

Encina del Cortijo del Vallejo. Foto de Roberto Castillo

Olla del Imperio desde el Castillico. Foto de José Luis González

Puntal de las Víboras con la Molata del Imperio y, al fondo, el Calar del Mundo. Foto de José Luis González 

Puntal de las Víboras. Al fondo, el Puntal de Moropeche. Foto de José Luis González 

Cojines de monja (Erinacea anthyllis) de la cuerda del Mentiras. Foto de José Luis González

Sima, Calar del Mundo y Sierra de Alcaraz al fondo. Foto de José Luis González

Tratamiento preventivo de las ganas de almorzar. Robado de José Luis González

Cuerda y Pico del Mentiras. Foto de José Luis González

Cuerda del Mentiras y Torca Honda. Foto de José Luis González 

Arroyo del Corral de Piedra. Foto de José Luis González

Ventisquero. Arroyo de Peña Palomera. Foto de José Luis González 

Peña Palomera y Peña del Corral. Foto de Roberto Castillo

Punto geodésico del Mentiras. De izquierda a derecha:
Trini, Roberto, Isabel, Fernando, José Luis, Lola, Carlos, Jesús y David.
Foto de Roberto Castillo


Saludos, amigos de El Collao y de Sanferminators


lunes, 14 de marzo de 2016

POR LOS CERROS DE LA PENÍNSULA – 3 

Parque Natural de los Calares del Río Mundo y de la Sima. Albacete 


Cofre de sorprendentes tesoros naturales y, todavía, algunos antropológicos, el Parque Natural de los Calares del Mundo y de la Sima se abre entre las Sierras de Alcaraz y de Cazorla, Segura y Las Villas a modo de eslabón orográfico entre el Sureste de Castilla-La Mancha y el Noreste de Andalucía. Desde su declaración en 2005, el nombre del parque reconoce su origen geológico: un extenso karst, de cimas no muy elevadas pero de insondables simas, partido en dos mitades por el espectacular Hueco de Tús (término de Yeste), apenas reconocible como poljé en origen por su profundidad, y flanqueado por el río Segura al Sur y su afluente, el río Mundo, al Norte.

Los calares, desde antiguo conocidos en la zona como castillos o damas de agua, también encierran en su nombre una curiosa coincidencia consonántica entre los términos “alcázar” y “karst”. En cualquier caso, rezuman el cristalino elemento por infinidad de arroyos, dolinas, fuentes, grietas, nacimientos y pozos; el más espectacular de los cuales sea probablemente el Nacimiento del Mundo, en la Cueva de los Chorros (término de Riópar). Desde la boca de esta cueva con más de cincuenta kilómetros de galerías, se precipita el agua unos cien metros dando lugar, estacionalmente, a una densa cortina formada por varias colas de caballo. Hacia el final del invierno el “reventón” provocado por el deshielo, audible en kilómetros a la redonda, muestra la imagen más soberbia de Los Chorros inundando ese rincón del valle.

Tal conjunción de agua y karst ha propiciado la gran belleza y la diversidad botánica, faunística y paisajística de estos parajes, con eco en sugerentes topónimos como el Bosque de las Hadas (Arroyo de la Celada), el Pico Argel, la Torca de los Tejos, el Melojar de Cotillas (Cañada de los Mojones), el Puntal de la Escaleruela, el Arroyo de Marines, el Puntal del Diablo, el Arroyo de Pradomira, Los Voladores, la Cañada del Avellano, la Molata del Imperio, la Peña Palomera o el Cerro Mentiras.

Torca de los Tejos. Calar del Río Mundo (31 de octubre. 2015). Foto de Santiago Laserna

miércoles, 9 de marzo de 2016

Huérfanos de la Belleza (II) 


Decía hace poco que los sucesivos EREs de R.T.V.E. nos han dejado semi-huérfanos de varios excelentes programas de delicatessen musicales. Aunque, en honor a la verdad, debo matizar que la Radio Nacional de España continúa educando almas y oídos contra corriente. Entre los “nuevos”, aún podemos disfrutar de programas clásicos y excéntricos –centrífugos, incluso– como Discópolis, Cuando los elefantes sueñan con la música, Flor de pasión o Mundo Babel. No los señalaré más para no dar ideas a los directivos del ente público.

Hubo, no obstante, otro espacio glorioso de la programación que fue suprimido como consecuencia indirecta de la crisis; aunque su emcee sigue, como Ramón Trecet, en la brecha. Hablo de El Ambigú (1992-2010), de Radio 3, y de Diego A. Manrique, crítico musical, colaborador asiduo del diario El País y blogero. Ni el estar en la cima del éxito radiofónico ni el tener un Premio Ondas (2000) sirvieron para detener aquella defenestración camuflada como revisión de contrato. Cuánto se echa de menos la hora del pizzicato de Holiday for Strings, de David Rose, ¿verdad?

Hoy, Diego Manrique sigue hablándonos con voz queda desde Planeta Manrique. El blog se abrió en enero de 2012, reeditando el ideario de ofrecer pistas sonoras e iluminar los rincones de la música, el arte y el negocio, y sobre todo abriendo la ventana para compartir con el vecindario sonidos apabullantes, incitantes, selectos. Hoy me permito hacer dos sugerencias, entre tantísimas, con las que el señor Manrique me arrullaba desde su Ambigú en aquellas sobremesas letárgicas de juventud. Disfrutadlas.


The Dave Pike Set. Indian Vibes (1970)

The Juliet Letters (1993) - I Almost Had a Weakness

martes, 23 de febrero de 2016

Huérfanos de la Belleza


Imposible no acordarse, no sólo en estas semanas de incertidumbre, de Ramón Trecet y de su célebre despedida diaria al finalizar Diálogos 3 (1986-2008), en Radio 3R.N.E. “Buscad la belleza…”, decía. “Es la única protesta que merece la pena en este asqueroso mundo”. Seguro que vosotros también os acordáis.

Don Ramón era y sigue siendo ese señor que, con exquisita sensibilidad, nos inició a varias generaciones en las delicias de la música folk y de las llamadas nuevas músicas, por entonces; y es ese señor que, asimismo, ha compartido y aún comparte su apasionado conocimiento de la NBA y de la NFL norteamericanas con elegancia, sin estridencias, y con respeto no exento de humor por el intelecto del espectador de televisión.

La semana pasada lo oí intervenir en Discópolis, Radio 3, hablando con José Miguel López, que –por cierto– no me explico cómo ha sobrevivido a los Expedientes de Regulación de Empleo de R.T.V.E. Lo cierto es que me ha alegrado saber que el señor Trecet sigue en la brecha con su blog Huérfanos de Diálogos 3, igual que otros excelentes divulgadores de delicatessen musicales como Diego A. Manrique, maestro de ceremonias del también legendario El Ambigú (1992-2010) de Radio 3.

Así que aquí seguimos, con ese tibio gozo, huérfanos de aquellas dosis diarias de belleza balsámica. Por suerte, muchos discípulos aprendimos bien la lección. Este mundo puede ser asqueroso, de acuerdo. Pero tenemos derecho a buscar la belleza y a tratar, a veces, de tentar su estela efímera, epifánica, indefinible.

Os invito a escuchar…

Down By The Salley Gardens

Poema de William Butler Yeats (The Wanderings of Oisin and Other Poems – 1889), interpretado por CLANNAD (1979)

Down by the Salley Gardens, my love and I did meet.
She crossed the Salley Gardens with little snow-white feet.
She bid me to take love easy, as the leaves grow on the tree,
But I've been young and foolish, with her would not agree.

In a field down by the river, my love and I did stand
And on my leaning shoulder, she laid her snow-white hand.
She bid me to take life easy, as the grass grows on the weirs
But I was young and foolish, and now I am full of tears.

Down by the Salley Gardens, my love and I did meet.
She crossed the Salley Gardens with little snow-white feet.
She bid me to take love easy, as the leaves grow on the tree,
But I've been young and foolish, with her would not agree.

Down By The Salley Gardens - Youtube

Grá mo chroí


domingo, 14 de febrero de 2016

EL LÍDER IMPASIBLE. SEMBLANZA 

Habiendo presentado en la entrada anterior un sucinto catálogo de los líderes políticos ibéricos, tengo que admitir que se me escapó uno, acaso el tipo más escurridizo y extraordinario. Este líder cultiva como nadie la técnica de recular hasta el extremo de la multiplejia y de la invisibilidad. Se sabe que le gusta la pantalla de plasma para sortear esas preguntas aviesas y trabalingüísticas que los periodistas se empeñan en plantearle. En cambio, resulta difícil encontrarlo en las fotos en las que todo líder genuino debería aparecer. 

Como decía, se trata de un tipo de líder que escapa a cualquier intento de clasificación. Es un tipo híbrido, depurado hasta la sublimación y que ha asombrado, desconcertado y ejercido por la gracia de la fe ciega de sus correligionarios. No se conocen antecedentes, si bien pueden reconocerse en él rasgos de perplejidad más propios de algún Austria hechizado. Seguramente se comentará, con la perspectiva de los años, que lo más asombroso de dicha cumbre del liderazgo ibérico estriba en que su auge caprichoso y su declive necesario se producen anacrónicamente, a principios del siglo XXI, y que ambos se deben a la misma razón.

Algunos atribuyen el valor coyuntural de ese liderazgo a su origen gallego. Probablemente conozcáis esa ocurrencia estereotípica conforme a la cual nunca se sabe si un gallego sube o baja de la escalera. Pero esos mismos analistas probablemente crean también en la minusvalía laboral de los andaluces, en la pereza subtropical de los canarios, en la nobleza gentilicia de los castellanos, en la tacañería congénita de los catalanes, en las dotes para murciar de los habitantes del sureste peninsular, en la superioridad absoluta de la raza vasca, etc. Naturalmente, el rigor de esta clase de análisis es nulo.

Alcanzado este punto, lo que sí importa es si existe explicación al hecho de que un líder pueda convertirse en tal cosa sin hacer algo o poseer alguna cualidad digna de su rango. Cómo puede alguien llegar a ser y sostenerse como líder sin tomar decisiones o, más bien, sólo acatando las provenientes de Alemania y del BCE. Cómo se puede liderar sin conocimiento ni control de las actuaciones, demasiadas veces delictivas, de los subordinados. Cómo se puede gobernar sin carisma ni ganas de tenerlo. Cómo gobernar sin dar la cara, eludiendo actos, debates y ruedas de prensa. Cómo puede un presidente conducir a ninguna parte a su país sin ánimo de dialogar con nadie, ni con mayoría parlamentaria ni estando en minoría. Y cómo puede permitirse un presidente de gobierno no demostrar aptitud, valentía y voluntad para hacer algo ante un problema tan grave como el secesionismo, y dejar el asunto al poder judicial.

El hecho es que se puede y que, a decir verdad, el misterio del culto al líder impasible no es tal. Tiene una explicación tan lamentable como sencilla y no viene dada sólo por la ceguera selectiva, por el fervor o por el interés de los creyentes del partido. La necesidad de un líder como este es obvia en un periodo tan delicado como el actual. Cada semana, debajo de cada asiento y en cada territorio donde ha formado gobierno, al partido se le ha abierto una nueva causa de corrupción y se ha ventilado el tufo de las causas viejas, cuya instrucción progresa lentamente en los tribunales de justicia.

En la política, entendida al modo liberal, hacen falta tíos y tías que “aguanten” los chaparrones y los chuzos de punta impertérritos; tíos y tías capaces de proporcionar explicaciones imposibles sobre “indemnizaciones en diferido” y otras salidas similares para no admitir las evidencias de la corrupción consentida. Hacen falta tíos y tías con la jeta como el muro de Berlín o con candidez mariana para defender a los que no tienen defensa y tapar, con disimulo, que ha valido todo con tal de ganar pasta… Porque ese es el principio y el fin de la ideología liberal. Por eso sostienen que el Estado debe intervenir lo mínimo en las actividades económicas. Y, para eso, el líder impasible-invidente-invisible-multipléjico es insuperable.

Ahora bien, él -y sólo él- sí puede superarse a sí mismo. En los últimos días el líder impasible es noticia porque, contra su costumbre, se ha fajado para contraatacar a los adversarios. Se le ha visto y oído hablar con vehemencia ante los medios de comunicación. Había rehusado ante S.M. la encomienda de formar gobierno, tras haber “ganado” las elecciones generales, y ahora dice que lo más “razonable y sensato” es que él y su partido presidan el gobierno. De repente le acucian las ganas, la necesidad, de conservar la presidencia del Gobierno de España. ¿Se lo habrán ordenado mamá Merkel y papá Draghi? ¿O será porque no le apetece poner las barbas a remojar, todavía? Señores periodistas, no se lo pregunten o recurrirá a un trabalenguas de los suyos.